El Mundial 2026 debería ser motivo de orgullo para México. Pero la emoción se ha visto opacada por una realidad incómoda: los boletos son tan caros que el torneo parece diseñado para todos… menos para los mexicanos.
Las entradas se han convertido en un símbolo claro de cómo el fútbol moderno ha dejado de ser un deporte del pueblo para transformarse en una máquina de dinero donde la afición local ocupa el último lugar.
Inflación y costos: la excusa perfecta para elevar los precios
Sí, la inflación existe, pero se ha vuelto la coartada favorita para justificar incrementos que van mucho más allá de lo lógico.
Los organizadores hablan de:
- Costos operativos
- Tecnología avanzada
- Logística internacional
Pero la realidad es que estos incrementos no explican los precios desorbitantes que se están imponiendo.
Los boletos no subieron “por necesidad”, subieron porque pueden. Porque la FIFA y los organizadores saben que, pase lo que pase, habrá quien pague.
Marketing agresivo: cuando el fútbol se envuelve en oro para justificar lo injustificable
El Mundial 2026 no está siendo vendido como un evento para la gente, sino como una experiencia de lujo. La estrategia es clara:
- Crear escasez artificial
- Promocionar zonas VIP como si fueran indispensables
- Convencer al público de que pagar más es “normal”
La mercadotecnia ha convertido el fútbol en un espectáculo elitista donde lo importante no es el deporte, sino cuánto puedes gastar.
Y mientras se impulsa este modelo exclusivo, al aficionado tradicional simplemente se le deja fuera.
Patrocinios multimillonarios: el negocio crece, ¿pero por qué no baja el precio?
Las marcas pagan cifras astronómicas por aparecer en el Mundial. Eso debería, en teoría, hacer el evento más accesible.
Pero ocurre lo contrario: mientras más patrocinadores entran, más suben los precios.
La razón es simple:
El Mundial es un escaparate global donde lo que importa es la exposición, no el bienestar del aficionado. Las marcas pagan por verse, y la FIFA cobra por permitirlo. El público local no entra en esa ecuación.
En lugar de reducir costos, los patrocinios se utilizan para aumentar la percepción de exclusividad, inflando el valor artificial del evento.
Mundiales pasados: nunca había sido tan evidente el desprecio por la afición local
En Alemania 2006, Brasil 2014 y Rusia 2018, aunque los precios eran altos, aún había boletos realmente accesibles.
En México 1986, cualquier persona con un salario promedio podía asistir.
Pero en 2026 el salto es brutal. Las categorías económicas prácticamente desaparecieron, y se ha privilegiado una estructura de precios hecha para turistas con alto poder adquisitivo.
El mensaje es claro:
El Mundial 2026 no está pensado para los mexicanos, sino para el mercado internacional.
Impacto en los aficionados mexicanos: un Mundial en casa que les pertenece a otros
El aficionado mexicano —ese que llena estadios, consume fútbol todo el año y mantiene viva la Selección— es el más castigado.
¿Por qué?
Porque vive en un país donde el salario promedio no compite con precios en dólares, y donde la desigualdad económica hace que asistir a un partido se vuelva un privilegio y no un derecho cultural.
Muchos esperaron décadas para ver un Mundial en casa, solo para descubrir que ni viviendo en el país sede podrán pagar una entrada.
El resultado es frustrante:
Una fiesta global que se celebra en México, pero en la que parece que no se invita a los mexicanos.
Conclusión: el negocio del Mundial ha superado al amor por el fútbol
La FIFA, los patrocinadores y los organizadores locales han llevado el modelo comercial del fútbol a un punto crítico.
El Mundial 2026 será inolvidable, sí… pero también será el más excluyente en la historia del país.
La combinación de inflación, marketing elitista, patrocinios multimillonarios y precios que rompen récords demuestra una verdad incómoda:
el fútbol ya no se organiza para la gente, sino para maximizar ganancias.
El aficionado mexicano queda relegado a la televisión, viendo desde casa un espectáculo que se celebra en su propio territorio, pero que parece pertenecer a otro mundo.